POWELL, UN LUGAR DE CRISTIANOS TIBIOS QUE AÚN DESEARÍAN VER ARDIENDO A BRUJAS, PENSADORES LIBRES Y MARICONES
Manuel Avendaño
Hola lectores, esta vez deseo adentrarme en las cavernosas y arriesgadas fisuras de una faceta muy particular en los humanos, la religión. En este lugar, la fe se vive fuerte, fuerte y a voz viva. Nos llamó la impresión al llegar que cuándo nos dieron un mapa del pueblo. Adjunto a él, venía otro papel, una lista que estaba especialmente diseñada para indicar todo tipo de iglesia que existe en el abanico de credos en la égida del Cristianismo y que tienen cede en este pueblo de 5000 almas sedientas de salvación.
Puede sonar inofensivo, pero al menos para mí, un defensor del laicismo y de la no imposición de la religión ni de la forma más sutil, aquello me pareció simplemente estúpido. Bueno, puede sonar extremista mi punto de vista, pero más extremos eran los puntos que luego llegamos a ver en la propia gente "creyente" de este lugar.
La gente aquí es una ferviente masa de humanos que consideran a dios, como quieran llamarlo, un amigo de su país. En lo que parecía ser el aeropuerto desde dónde todo esto comenzó un gran cartel señalaba "GOD SUPPORT OUR TROOPS". No, no es una falta gramatical el que falte la -s de la 3ra persona; es un subjuntivo, una suplica a un dios sangriento para que avale a sus guerreros que saquearán la tierra y los hogares de inocentes, acrecentando el asqueroso imperialismo yankie. Ellos quemarían la Sharia, pero por otro lado, tienen fe en un dios que parece aún más sangriento que Alá, un dios al que le gusta el petróleo y el genocidio para así llenar las arcas de un pueblo onanista y ambiguo.
La gente cree en cristo, pero no en el cristo en el que alguna vez creí. Cristo es amor, el cristo que adoran en este baldío es un cristo guerrero, sediento de pecadores, un cristo que solo ama a los que van a la iglesia todos los domingos pero que el resto de la semana siguen siendo personas frías y calculadoras. Este Cristo, en Powell, ama a todos, excepto a homosexuales, putas, judíos y cualquier otro "bicho raro" que se me haya quedado en el tintero.
Destaco la labor de pioneros como la psicóloga del College, ella ha estado intentando abrir mentes desde hace tiempo y siempre fue una gran aliada nuestra. Pero los malos hábitos mueren difícilmente, y si son condicionados desde nacimiento, son eternos. Su labor de erradicar el odio proselitista no han dado más que resultados tibios de personas que ponen una cara agradable frente al tema "mencionado" pero que de seguro gritarían en ira si ven el "acto" in situ. Lamento creer que la gran culpable de esta cosecha de mentes poco abiertas no es más que la religión, intrínsecamente moralista, medieval y amarillista.
Aquí todos aman y hablan del respeto al prójimo, la idea más bonita de Cristo. Empero cuando algunos de estos entes supieron de nuestros pensamientos "un poco distintos" del mainstream del lugar cortaron lazos con nosotros, dejaron de saludar, miradas despreciativas por un lado, silencio fariseo por otro. En resumen, TODO SU AMOR SE LES FUE A LA MIERDA.
Esta gente que se reúne todos los fines de semana para hacer hogueras donde quemar malvaviscos es muy interesante si se desea realizar un estudio etnográfico sobre como la fe ciega atrofia la mente. Me pregunto si esa costumbre de realizar hogueras para comer sus malvaviscos no es más que una forma sutil y simbólica de continuar las hogueras donde se quemaron mujeres inocentes, libros y pensamientos que liberan la mente; sólo me lo pregunto a mí mismo, pues temo que si pregunto a alguien el próximo fin de semana remplacen los malvaviscos con mi carne hereje y mundana.
Para concluir, realmente ya no tengo palabras. Esto ha sido una reclusión escolástica, esto ha sido un encarcelamiento a lo más "maquinado por el Demiurgo". No tengo miedo, tengo consternación. Ahora pienso que el viaje en avión no sólo fue un viaje espacial, sino uno temporal, volvimos al Medioevo. Aún más chocante siempre resultaba el contraste entre la vida en este lugar tan casto y las libertades que vimos en NY City, Washington D.C. o la hermosa ciudad de San Francisco, un lugar que de seguro para muchos powellinos debe ser la Sodoma y Gomorra de nuestros tiempos, una Babilonia pestilente de pecadores que pronto arderán cuándo un nuevo terremoto acabe con la Joya de la Bahía.
En fin, quiero dejar en claro que no siento nada en contra de los creyentes, pero no soporto que me lo impongan o peor, que sean tan hipócritas como para juzgarnos siendo que solo usan la fe para esconder su verdadera podredumbre. No relataré todas las cosas que vimos y que nos hacían pensar que esto era simplemente imberosimil; imagínense que aquí los adolescentes piensan que te puedes drogas, pasar la noche en farra, y beber hasta la inconciencia, y que eso no será pecado frente a dios si al otro día te pones a leer la biblía a voz viva en el patio principal del College, eso te purga, eso es una buena penitencia. Me pregunto entonces si nos iremos al infierno por todas las farras que tuvimos con Isabel y que no purgamos leyendo la biblia al otro día, o golpeándonos el pecho frente al clero.
NO, no lo creo, porque no hay culpa ni pecado en quién hace cosas a sabienda. No somos niños, somos adultos. No necesito una fe o religión en especifico para ser mejor persona o llevar mi vida en los valores que crean son los mejores. No creo en el arrepentimiento, creo en la prevención. Quizás estas ideas sean muy avanzadas para un lugar como este, y por más que les diga que soy ateo y que ello indica mi no creencia en ningún dios o demonio, ellos seguirán pensando que soy un creyente de Satanás.
Qué estos cristianos tibios piensen lo que quieran, en dos semanas más vuelvo al siglo XXI y ellos se quedarán en el regazo de su patético y aburrido sueño medieval.
AMEN.
viernes, 3 de mayo de 2013
OBESIDAD Y DESNUTRICIÓN POWELLINA - UN LUGAR PARA SUBIR MI AUTOESTIMA
Antes de iniciar esta osadía, había optado por comer saludablemente y evitar las carnes rojas por un asunto personal. En Chile, no tuve ningún problema para hacerlo durante las dos semanas previas al viaje porque nuestro país es vasto en frutas y verduras orgánicas, y aunque no lo sean, no llegan a estar modificadas al punto de no tener semillas y saber a plástico.
Grande fue mi decepción al llegar a este lugar. Lo primero que recibo post 28 horas de vuelo, es una lonchera con una manzana y una naranja. Era lo que estaba esperando después de casi dos días de viaje. Al momento de empezar a comer las frutas me doy cuenta de que están congeladas y modificadas genéticamente al punto de saber a nada más que su harinosa viscosidad. Desde ese momento supe que las cosas serían muy distintas. Al llegar al college y a nuestras respectivas celdas piezas en el hall, nos dieron una cena de bienvenida. Esta hermosa cena consistía en nada más que en hermosa carne procesada de dudosa procedencia hecha hamburguesas, papas? fritas (realmente no sé si a esas tiritas de plástico se les puede llamar papas), todo tipo de derivado bovino y grasitud hecha fritura, gaseosas a destajo, y por supuesto galletas caseras doblemente azucaradas.
Quizás este menú puede resultar atractivo para la gente que ama este tipo de comida rápida, "Comida Americana" como me dijo la encargada de la cafetería, sin embargo repetirlo dos veces a la semana, por 20 semanas de estadía, no es agradable. Menos aún si en mi mente pretendía comer sano. La verdad es que menús saludables hay poco. Lo único que queda es una ensalada que no tiene ni siquiera aderezos saludables para aliñar más que grasa y más grasa. De haber querido comer saludable hubiese tenido que comprar y cocinar mi propia comida, opción a la que no pude adherir ya que el programa en Northwest College para alumnos internacionales no permite que uno decida cocinar por sí mismo. Todo lo contrario, obliga a los alumnos a que coman al menos un día en la cafetería, donde pizzas, helados, hamburgesas, sandwiches, galletas y papas fritas es lo que siempre podrán encontrar.
Afortunadamente yo me voy en 2 semanas a Chile, y mi alimentación allá es muy distinta. Extraño la comida casera, las legumbres, las frutas de estación y los pescados y mariscos. Son alimentos tan básicos que no he probado durante 5 meses. Imaginen cuantos nutrientes carecen los Powellinos que han estudiado acá por al menos 3 años, alimentándose de la deliciosa comida de la cafetería.
Un lugar para subir mi autoestima
Desde chica he tenido problemas de sobrepeso. Siempre me he estado controlado por un tema de imagen y estupidez social, y ahora por un tema de salud. Realmente se notan los cambios cuando uno come saludablemente. Mi cuerpo lo nota, mi piel está grasa, el cansancio en mi cara es inminente. Mi cuerpo me pide a gritos que lo alimente bien, pero son las únicas opciones que tenía. Lamentablemente mucho dinero para invertir en mi alimentación tampoco tuve y digamos que las opciones de compra de comida en Powell se reducen a productos transgénicos carentes de sabor o cualquier producto alto en lípidos. A pesar de estos obstáculos, intenté alimentarme lo más sanamente dentro de mis opciones porque me dio miedo transformarme en una Powellina. Acorde a mi estadística visual, 3 de cada 5 Powellinas son obesas o tienen un NOTORIO problema de sobrepeso. Y cuando hablo de obesidad o de sobrepeso, no es como las señoras de edad a las que se les sale un rollito en Chile. Es un sobrepeso que es notorio hasta en la flacidez de la cara. Al llegar acá quedé impactada por la alta tasa de sobrepeso, niñas de 18 años tienen un cuerpo ya totalmente deformado. No me imagino como llegarán a los 40 con esos hábitos alimenticios.
Siempre recuerdo a mi mamá, preocupada por su peso y tratando de cuidarse. Mi mamá que ya ha tenido dos hijos y unas cuantas pérdidas y no tiene cuerpo atlético en ninguno de los casos está mucho mejor conservada que una niña de 17 años en Powell. Para que hablar de las señoras de edad... Realmente no es un tema que quiera tocar porque ellas ya vivieron su vida y han tenido hijos, pero se les nota en la piel la mala alimentación. Sus cuerpos están deformados, su piel es flácida, seca, llena de estrías. Grandes, inminentes traseros que ocupan enormes autos para transportarse. Una ansiedad terrible que hace que se levanten a cualquier hora para ir a comprar comida chatarra al supermercado. Con este ejemplo de vida saludable, qué resultados podrían haber esperado las futuras generaciones Powellinas? Es una cadena de sucesos y un círculo vicioso que no para.
Irónicamente esto sirvió para subir mi autoestima. Como señalé anteriormente, siempre tuve problemas de pequeño sobrepeso. Al llegar acá lo primero que recibí fueron halagos por ser "tener un cuerpo atlético" sin necesidad de hacer ejercicio. Realmente no soy una persona que tenga un cuerpo atlético, pero sólo quiero ilustrar cual es el parámetro para los Powellinos. Todo esto culminó en que mi autoestima subiera durante los primeros días. Sentirme perdida en un cuadro de Botero fue gratificante durante los primeros meses, pero créanme, no cuando sientes que la comida que te están dando te está matando de a poco.
Con Manuel tuvimos que comprar vitaminas y suplemento alimenticio porque realmente nos estábamos enfermando. Extrañas infecciones surgieron en mi desgastado cuerpo, constante desangre de nariz, brotes de acné y resequedad absoluta de la piel. Aún más, el sufriente resultó tanto más estoico para Manuel, quién había optado por el vegetaniarismo seis meses antes del viaje; a veces se pregunta si hasta las lechugas las regan con grasa recién extraída de un pobre e indefenso cerdo vivisectado.
CONDICIONAMIENTO POR COMIDA
Pavlov hubiera encontrado un campo de investigación ideal en Powell. Condicionamiento clásico, sí, del más básico. La comida es el estimulo que siempre generará respuesta en este lugar.
En cada pared de este lugar puede uno que otro día encontrarse un cartel que señala algún evento. Este evento puede ser académico tal como una charla de un profesor o un escritor. Este evento puede ser de naturaleza didáctica o meramente informativa respecto a las políticas o accionar del College. Todo suena bien hasta este punto, pues nadie puede decir que no supo de tal evento, "pasaste mil veces frente a su anuncio en el pasillo".
Sin embargo, ya sea como título primero, o en letra chica después de la descripción del evento, todo el condicionamiento básico entraba en acción. El fin supremo de esta propaganda, de la cuál el ministro de propaganda nazi Goebbels se sentiría orgulloso, era convencer a los lectores de forma absoluta que la ida a tal evento sería gratificante, no por el evento en sí, sino por las recompensas alimenticias que recibirían por su modesta asistencia que sólo es para llenar el lugar más que el de conseguir mentes avezadas de escuchar algo nuevo.
Sí, la comida aquí les funciona tal como el trozo de carne para el perro de Pavlov. A lo que la gente lee los anuncios de seguro ya comienzan a babear. La campanita suena y babean y llega el día del evento y sólo asisten para avalanzarse al cóctel que hay al fondo del lugar dónde alguien interesante estará dando una charla interesante sobre un tema interesante. Lamentablemente, el chef se llevará más ovaciones por la comida que usaron para atraer público que las contribuciones al conocimiento de quién haya expuesto.
Si en el tercer mundo nuestro condicionamiento para asistir a eventos interesantes es la mera curiosidad o la avidez por conocimiento para abrir los ojos, en el primer mundo la comida es el condicionamiento. Deben llenarle las bocas para que se muevan, deben inflar sus intestinos de mierda transgénica (auspicio Monsanto) para que puedan procesar un 0,1% de lo que un pobre docente expone. Aquí el conocimiento se mide en libras de alimentos, y parece que mientras más gordo eres más inteligente eres, en tu grasa se notará a cuánto evento has asistido.
Dime cuantas Big Mac te has comido la última semana, y te diré cuanto has estudiado.
Si vienen a Powell, no duden en preguntar eso.
Pavlov hubiera encontrado un campo de investigación ideal en Powell. Condicionamiento clásico, sí, del más básico. La comida es el estimulo que siempre generará respuesta en este lugar.
En cada pared de este lugar puede uno que otro día encontrarse un cartel que señala algún evento. Este evento puede ser académico tal como una charla de un profesor o un escritor. Este evento puede ser de naturaleza didáctica o meramente informativa respecto a las políticas o accionar del College. Todo suena bien hasta este punto, pues nadie puede decir que no supo de tal evento, "pasaste mil veces frente a su anuncio en el pasillo".
Sin embargo, ya sea como título primero, o en letra chica después de la descripción del evento, todo el condicionamiento básico entraba en acción. El fin supremo de esta propaganda, de la cuál el ministro de propaganda nazi Goebbels se sentiría orgulloso, era convencer a los lectores de forma absoluta que la ida a tal evento sería gratificante, no por el evento en sí, sino por las recompensas alimenticias que recibirían por su modesta asistencia que sólo es para llenar el lugar más que el de conseguir mentes avezadas de escuchar algo nuevo.
Sí, la comida aquí les funciona tal como el trozo de carne para el perro de Pavlov. A lo que la gente lee los anuncios de seguro ya comienzan a babear. La campanita suena y babean y llega el día del evento y sólo asisten para avalanzarse al cóctel que hay al fondo del lugar dónde alguien interesante estará dando una charla interesante sobre un tema interesante. Lamentablemente, el chef se llevará más ovaciones por la comida que usaron para atraer público que las contribuciones al conocimiento de quién haya expuesto.
Si en el tercer mundo nuestro condicionamiento para asistir a eventos interesantes es la mera curiosidad o la avidez por conocimiento para abrir los ojos, en el primer mundo la comida es el condicionamiento. Deben llenarle las bocas para que se muevan, deben inflar sus intestinos de mierda transgénica (auspicio Monsanto) para que puedan procesar un 0,1% de lo que un pobre docente expone. Aquí el conocimiento se mide en libras de alimentos, y parece que mientras más gordo eres más inteligente eres, en tu grasa se notará a cuánto evento has asistido.
Dime cuantas Big Mac te has comido la última semana, y te diré cuanto has estudiado.
Si vienen a Powell, no duden en preguntar eso.
TRANSPORTE PUBLICO
jueves, 2 de mayo de 2013
CINCO MESES EN EL INFIERNO
MANIFIESTO
Nos quedan menos de tres semanas para volver a nuestro país, afortunadamente. Hemos estado soportando vejaciones durante casi cinco meses. Lamentablemente se nos ocurrió relatar toda nuestra experiencia al momento de ya encontrarnos en la partida final. Sin embargo, creemos que es primordial dejar testimonio de lo que han sido cinco terribles meses en un foso de ignorancia, estupidez y megalomanía.
Creemos que al final de todas experiencia, podemos relatar con imparcialidad cómo han sucedido los eventos. Esperamos hasta último momento hacer esto, porque siempre tuvimos la esperanza de ver un cambio en este universo tan pequeño dónde seguramente creen que la tierra es plana.
En este "universo" se encontrarán con los más diversos y variopintos personajes que ofrecen toda la decadencia y el postrero ruin de la humanidad, espero que de aquellas imágenes ganen risas, catarsis y ¿por qué no? hasta conocimiento.
Este es el testimonio de Manuel Avendaño e Isabel Neira, dos estudiantes de pedagogía media en inglés, cursando su último año que fueron premiados con la beca "semestre en el extranjero" por el gobierno de Chile.
Queremos dejar en claro que la beca y el gobierno de Chile no tienen culpa alguna en nuestro sino aciago, nosotros mismos fuimos los que elegimos este lugar sin tener opciones más viables. Fuera de todo, le damos las gracias al gobierno por la eficiencia de sus gestiones y por habernos dado la oportunidad de ver cuán preciosa es nuestra cultura y de que tenemos lo necesario en nuestro propio país. Los dioses nos contengan de volver a pisar esta tierra maldita poblada de los descendientes de los bravos anglosajones, pero que ahora, en Powell, se han convertido en obesas imágenes de la ruina del hombre.
También queremos manifestar que esta "obesa imagen" no identifica a todo el pueblo Estadounidense, al contrario, si es que no hubiésemos tenido la oportunidad de conocer las grandes metrópolis y la diversidad presente en ellas, nuestra experiencia hubiese sido peor, quizás habiendo culminado en ostracismo. Conocimos personas muy interesantes y vimos cosas que siempre se quedarán en nuestros recuerdos; aunque Powell es de esas cosas que nos sacaríamos de la mente con júbilo por medio de una lobotomización.
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