Grande fue mi decepción al llegar a este lugar. Lo primero que recibo post 28 horas de vuelo, es una lonchera con una manzana y una naranja. Era lo que estaba esperando después de casi dos días de viaje. Al momento de empezar a comer las frutas me doy cuenta de que están congeladas y modificadas genéticamente al punto de saber a nada más que su harinosa viscosidad. Desde ese momento supe que las cosas serían muy distintas. Al llegar al college y a nuestras respectivas celdas piezas en el hall, nos dieron una cena de bienvenida. Esta hermosa cena consistía en nada más que en hermosa carne procesada de dudosa procedencia hecha hamburguesas, papas? fritas (realmente no sé si a esas tiritas de plástico se les puede llamar papas), todo tipo de derivado bovino y grasitud hecha fritura, gaseosas a destajo, y por supuesto galletas caseras doblemente azucaradas.
Quizás este menú puede resultar atractivo para la gente que ama este tipo de comida rápida, "Comida Americana" como me dijo la encargada de la cafetería, sin embargo repetirlo dos veces a la semana, por 20 semanas de estadía, no es agradable. Menos aún si en mi mente pretendía comer sano. La verdad es que menús saludables hay poco. Lo único que queda es una ensalada que no tiene ni siquiera aderezos saludables para aliñar más que grasa y más grasa. De haber querido comer saludable hubiese tenido que comprar y cocinar mi propia comida, opción a la que no pude adherir ya que el programa en Northwest College para alumnos internacionales no permite que uno decida cocinar por sí mismo. Todo lo contrario, obliga a los alumnos a que coman al menos un día en la cafetería, donde pizzas, helados, hamburgesas, sandwiches, galletas y papas fritas es lo que siempre podrán encontrar.
Afortunadamente yo me voy en 2 semanas a Chile, y mi alimentación allá es muy distinta. Extraño la comida casera, las legumbres, las frutas de estación y los pescados y mariscos. Son alimentos tan básicos que no he probado durante 5 meses. Imaginen cuantos nutrientes carecen los Powellinos que han estudiado acá por al menos 3 años, alimentándose de la deliciosa comida de la cafetería.
Un lugar para subir mi autoestima
Desde chica he tenido problemas de sobrepeso. Siempre me he estado controlado por un tema de imagen y estupidez social, y ahora por un tema de salud. Realmente se notan los cambios cuando uno come saludablemente. Mi cuerpo lo nota, mi piel está grasa, el cansancio en mi cara es inminente. Mi cuerpo me pide a gritos que lo alimente bien, pero son las únicas opciones que tenía. Lamentablemente mucho dinero para invertir en mi alimentación tampoco tuve y digamos que las opciones de compra de comida en Powell se reducen a productos transgénicos carentes de sabor o cualquier producto alto en lípidos. A pesar de estos obstáculos, intenté alimentarme lo más sanamente dentro de mis opciones porque me dio miedo transformarme en una Powellina. Acorde a mi estadística visual, 3 de cada 5 Powellinas son obesas o tienen un NOTORIO problema de sobrepeso. Y cuando hablo de obesidad o de sobrepeso, no es como las señoras de edad a las que se les sale un rollito en Chile. Es un sobrepeso que es notorio hasta en la flacidez de la cara. Al llegar acá quedé impactada por la alta tasa de sobrepeso, niñas de 18 años tienen un cuerpo ya totalmente deformado. No me imagino como llegarán a los 40 con esos hábitos alimenticios.
Siempre recuerdo a mi mamá, preocupada por su peso y tratando de cuidarse. Mi mamá que ya ha tenido dos hijos y unas cuantas pérdidas y no tiene cuerpo atlético en ninguno de los casos está mucho mejor conservada que una niña de 17 años en Powell. Para que hablar de las señoras de edad... Realmente no es un tema que quiera tocar porque ellas ya vivieron su vida y han tenido hijos, pero se les nota en la piel la mala alimentación. Sus cuerpos están deformados, su piel es flácida, seca, llena de estrías. Grandes, inminentes traseros que ocupan enormes autos para transportarse. Una ansiedad terrible que hace que se levanten a cualquier hora para ir a comprar comida chatarra al supermercado. Con este ejemplo de vida saludable, qué resultados podrían haber esperado las futuras generaciones Powellinas? Es una cadena de sucesos y un círculo vicioso que no para.
Irónicamente esto sirvió para subir mi autoestima. Como señalé anteriormente, siempre tuve problemas de pequeño sobrepeso. Al llegar acá lo primero que recibí fueron halagos por ser "tener un cuerpo atlético" sin necesidad de hacer ejercicio. Realmente no soy una persona que tenga un cuerpo atlético, pero sólo quiero ilustrar cual es el parámetro para los Powellinos. Todo esto culminó en que mi autoestima subiera durante los primeros días. Sentirme perdida en un cuadro de Botero fue gratificante durante los primeros meses, pero créanme, no cuando sientes que la comida que te están dando te está matando de a poco.
Con Manuel tuvimos que comprar vitaminas y suplemento alimenticio porque realmente nos estábamos enfermando. Extrañas infecciones surgieron en mi desgastado cuerpo, constante desangre de nariz, brotes de acné y resequedad absoluta de la piel. Aún más, el sufriente resultó tanto más estoico para Manuel, quién había optado por el vegetaniarismo seis meses antes del viaje; a veces se pregunta si hasta las lechugas las regan con grasa recién extraída de un pobre e indefenso cerdo vivisectado.
CONDICIONAMIENTO POR COMIDA
Pavlov hubiera encontrado un campo de investigación ideal en Powell. Condicionamiento clásico, sí, del más básico. La comida es el estimulo que siempre generará respuesta en este lugar.
En cada pared de este lugar puede uno que otro día encontrarse un cartel que señala algún evento. Este evento puede ser académico tal como una charla de un profesor o un escritor. Este evento puede ser de naturaleza didáctica o meramente informativa respecto a las políticas o accionar del College. Todo suena bien hasta este punto, pues nadie puede decir que no supo de tal evento, "pasaste mil veces frente a su anuncio en el pasillo".
Sin embargo, ya sea como título primero, o en letra chica después de la descripción del evento, todo el condicionamiento básico entraba en acción. El fin supremo de esta propaganda, de la cuál el ministro de propaganda nazi Goebbels se sentiría orgulloso, era convencer a los lectores de forma absoluta que la ida a tal evento sería gratificante, no por el evento en sí, sino por las recompensas alimenticias que recibirían por su modesta asistencia que sólo es para llenar el lugar más que el de conseguir mentes avezadas de escuchar algo nuevo.
Sí, la comida aquí les funciona tal como el trozo de carne para el perro de Pavlov. A lo que la gente lee los anuncios de seguro ya comienzan a babear. La campanita suena y babean y llega el día del evento y sólo asisten para avalanzarse al cóctel que hay al fondo del lugar dónde alguien interesante estará dando una charla interesante sobre un tema interesante. Lamentablemente, el chef se llevará más ovaciones por la comida que usaron para atraer público que las contribuciones al conocimiento de quién haya expuesto.
Si en el tercer mundo nuestro condicionamiento para asistir a eventos interesantes es la mera curiosidad o la avidez por conocimiento para abrir los ojos, en el primer mundo la comida es el condicionamiento. Deben llenarle las bocas para que se muevan, deben inflar sus intestinos de mierda transgénica (auspicio Monsanto) para que puedan procesar un 0,1% de lo que un pobre docente expone. Aquí el conocimiento se mide en libras de alimentos, y parece que mientras más gordo eres más inteligente eres, en tu grasa se notará a cuánto evento has asistido.
Dime cuantas Big Mac te has comido la última semana, y te diré cuanto has estudiado.
Si vienen a Powell, no duden en preguntar eso.
Pavlov hubiera encontrado un campo de investigación ideal en Powell. Condicionamiento clásico, sí, del más básico. La comida es el estimulo que siempre generará respuesta en este lugar.
En cada pared de este lugar puede uno que otro día encontrarse un cartel que señala algún evento. Este evento puede ser académico tal como una charla de un profesor o un escritor. Este evento puede ser de naturaleza didáctica o meramente informativa respecto a las políticas o accionar del College. Todo suena bien hasta este punto, pues nadie puede decir que no supo de tal evento, "pasaste mil veces frente a su anuncio en el pasillo".
Sin embargo, ya sea como título primero, o en letra chica después de la descripción del evento, todo el condicionamiento básico entraba en acción. El fin supremo de esta propaganda, de la cuál el ministro de propaganda nazi Goebbels se sentiría orgulloso, era convencer a los lectores de forma absoluta que la ida a tal evento sería gratificante, no por el evento en sí, sino por las recompensas alimenticias que recibirían por su modesta asistencia que sólo es para llenar el lugar más que el de conseguir mentes avezadas de escuchar algo nuevo.
Sí, la comida aquí les funciona tal como el trozo de carne para el perro de Pavlov. A lo que la gente lee los anuncios de seguro ya comienzan a babear. La campanita suena y babean y llega el día del evento y sólo asisten para avalanzarse al cóctel que hay al fondo del lugar dónde alguien interesante estará dando una charla interesante sobre un tema interesante. Lamentablemente, el chef se llevará más ovaciones por la comida que usaron para atraer público que las contribuciones al conocimiento de quién haya expuesto.
Si en el tercer mundo nuestro condicionamiento para asistir a eventos interesantes es la mera curiosidad o la avidez por conocimiento para abrir los ojos, en el primer mundo la comida es el condicionamiento. Deben llenarle las bocas para que se muevan, deben inflar sus intestinos de mierda transgénica (auspicio Monsanto) para que puedan procesar un 0,1% de lo que un pobre docente expone. Aquí el conocimiento se mide en libras de alimentos, y parece que mientras más gordo eres más inteligente eres, en tu grasa se notará a cuánto evento has asistido.
Dime cuantas Big Mac te has comido la última semana, y te diré cuanto has estudiado.
Si vienen a Powell, no duden en preguntar eso.
TRANSPORTE PUBLICO
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